EDITO: “Una mañana mejor”

“El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo.” Gustavo Adolfo Bécquer.

Darle vida a su imaginario, es darle vida a un nuevo mundo, y quizás sea una de las mayores oportunidades que tenga a un artista: crear y expresar sin límites, aprovechando todos los recursos posibles que su límite espacio-temporal le permite. Tener imaginación es algo necesario para poder diseñar nuestro mundo y abrirnos a nuevas posibilidades. En este aspecto, el artista es un visionario del mundo y tiene un papel inspirador en la transformación de la sociedad. Pero, ¿cómo podemos asegurarnos de la continuidad de este camino que muchos trazaron a lo largo de la Historia? ¿Cómo asegurarnos de que seguirán abriendo caminos innovadores y que conduzcan al desarrollo de nuestro mundo?

Gran parte de la respuesta se encuentra en las manos de nuestros niños, y más específicamente en su educación. César Bona (gran especialista de la educación e innovador en cuestiones de pedagogía, del cual recomiendo mucho su lectura) considera que la curiosidad es el gran motor que nos mueve. Sin curiosidad, grandes científicos no hubieran realizado descubrimientos que hoy nos parecen esenciales; sin curiosidad, nos hubiéramos quedado en lo que siempre hemos sabido, nunca hubiéramos evolucionado ni ido más allá de nuestras propias fronteras.  Este es un valor que le tenemos que inculcar a nuestros niños. Les tenemos que educar a ser curiosos del mundo que les rodea, a formular preguntas (hasta las a que, quizás, no tengan respuestas). Tenemos que entretener sus ganas de descubrir el mundo y de hacer que interroguen sobre su funcionamiento.

Una cosa que ayudará mucho a los niños a desarrollar su imaginario y ser curiosos será enfrentarlos al arte, bajo todas sus formas, que les guste o menos. Pero esta etapa es decisiva: los tenemos que enfrentar a nuestra herencia, a nuestra cultura y a la del mundo entero, y sobre todo, que entiendan la importancia y el valor de lo que están visualizando. Habréis entendido a dónde quiero llegar: ¡necesitamos llevar a nuestros niños al teatro! ¿Por qué? Porque nuestros niños son nuestra futura audiencia y tenemos que hacer que su experiencia en los teatros sea muy especial para dejar una huella en sus mentes.

El artista que se plantea hacer arte para los niños, no es un artista que haya decidido elegir el camino más fácil. Tendemos a pensar que muchas actividades relacionadas con los niños han de ser cosas “sencillas” o no demasiado “elaboradas”. No podemos seguir pensando que nuestros niños no entienden lo que les proponemos: si los educamos de esta manera, así crecerán: con la certidumbre de que no pueden entender. Solamente tenemos que encontrar las palabras, la analogía adecuada de nuestra visión del mundo hacía a la suya. Volviendo al artista que hace arte para los niños, es un artista consciente de una gran responsabilidad por varias razones: por un lado, por su audiencia, seguramente tendrá a algunos niños que van al teatro por primera vez. Esto conlleva una enorme responsabilidad porque le pertenece al artista marcar la mente de pequeñas personas para el resto de su vida. Por otro lado, esto implica que el artista puede ser muy inspirador para los niños, y tal como lo mencioné más arriba, puede despertar su curiosidad. Además contribuye de forma muy activa a la educación, ilustrando valores y principios que considera convenientes. Yendo más allá, esta curiosidad podría llevar estos niños a volver al teatro: el artista está entonces creando un público. Como lo vemos, aquel que decide crear arte para los más pequeños tiene una gran responsabilidad hacía su público. Y seguramente será de los artistas que más tiene en cuenta su audiencia, cosa que quizás, haciéndonos adultos, tendemos a olvidar: la conversación con nuestro público.

Los jóvenes tienden a tener desinterés por la cultura en general y es el rol de las familias y de los educadores de seguir reanimando la curiosidad en los ojos de los niños. “Yo tengo la sensación de contribuir un poco a la causa a mi manera… Llevar las 8 niñas de Manamá al Mercat […] me parece una de ellas… […] Los niños han cambiado. Lo que antes era una innovación, hoy es una necesidad” comenta Justine Marouzé en mi primer EDITO “Nuestra razón”. No digo que las familias ni los educadores no lo están haciendo. Por supuesto, están los que tienen consciencia de este deber hacía las jóvenes generaciones.

Servirá entonces este escrito para indicarles de que están en la buena dirección y que están enseñando valores esenciales y necesarios para el funcionamiento de nuestra sociedad. Para los otros, este escrito servirá para recordar que no podemos culpar solamente al sistema actual de la sociedad de la educación de nuestros niños. Los educadores, es cierto, tienen un papel importante su desarrollo, pero sin un apoyo familiar, la enseñanza de las aulas tiende a perderse. No somos impotentes ante lo establecido por la sociedad sino que tenemos cada uno de nosotros un papel bien definido en la creación de un mañana con nuevas oportunidades, un mañana con curiosidad, un mañana mejor.

Etiquetas: , , , , , , ,

Post a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*