MONGREL (Göteborgsoperans Danskompani/Cor. Marina Mascarell)

“Si fueras un perro de raza… podrías volverte loco. Ser un perro patán dota de personalidad”. “Mi abuela era Rusa y mi abuelo Alemán, se lo conté a mi vecina, me mandó callar y me dijo: La única cosa valiosa que los forasteros traéis es vuestra música”. Se sabe, que las vallas enfurecen… que tras las rejas ladran los perros si escuchan al desconocido pasar. Hay quien mata a los perros de sus vecinos. Las verjas pueden engullir personas; un forastero es para algunos un perro más. Pero sabemos que un perro sin raza, es un perro diferente. Cuidado! en los muros también puede uno acomodarse.

Mongrel es una obra de Marina Mascarell basada en la ley de Jante, un comportamiento social ficticio basado en una novela escrita a principios del siglo XX. Ésta ley desenmascara aquel que no tiene un comportamiento humilde y tiene implícitas 10 reglas de las cuales las más importantes son: no creas que puedes ser mejor que los otros y no creas que puedes reír de los demás.

La historia transcurre donde existe el cielo más azul, un país escandinavo en el que parece ser, las personas hablan menos entre ellas. La función empieza reflejándonos, con el caminar de un grupo de humanos inconscientemente interconectado, que cada parte del todo sea cual sea su raza, lo quiera o no, despliega una influencia hacia el colectivo. El hilo conductor de la pieza lo traza un texto narrado a través de un diálogo entre dos de los bailarines. Con sutileza y con un movimiento hipnotizador, invita al público a cuestionar la actitud que adoptamos hacia el extraño y hacia la sociedad.

La coreógrafa valenciana la cual trabaja con compañías tales como Nederlands Dans Theater I y II, Scapino Ballet, Dance Forum Taipei y en Korzo Theater de Holanda, consigue un estilo propio, una danza limpia que apenas se detiene y a ojos del espectador fácil, una escenografía clara, simple, tremendamente transformable, con muchas posibilidades, pero sobretodo manejable, útil e integrada en la danza de los bailarines como un ser vivo más.

Doce bailarines, preparados para convertirse en perro y para que les bofeteen la cara, mueven sus cuerpos con calidades líquidas haciendo gráfica la vulnerabilidad del individuo frente al grupo.  ¿Cuál es el lugar que ocupa y el papel que interpreta cada cual en la sociedad? A veces uno se siente desplazado, manipulado, que le abren las manos o le dan la espalda, que forma parte de un todo y que no está solo, que guía masas, o que le arrastran las multitudes, que avanza en contra el poderoso viento de un huracán que le quita hasta la ropa, a veces siente como si su cuerpo flotara dando piruetas en el aire u otras como si pesara demasiado.

 “Tengo la sensación de que todo avanza por si solo. No tener un rol activo me hace sentir vacío. Necesito cosas que llamen mi atención. No quiero sentir como si lo hubiera visto todo”. “¿Cómo qué?, ¿Cosas humanas, como instintos y emociones?”

La manera de moverse y los pasos que se dan, repercuten en los demás. Esta noción hace al espectador, dentro de su pasividad, participe activo de toda obra. Percibiendo la realidad como un todo, que en el público haya una persona mas o una presencia menos, influye en la trayectoria del movimiento de los bailarines. Como la vida, la danza existe solo en el momento presente, sus atributos nunca serán dos veces expresados de la misma manera. Sucede igual con la música en directo que dota la obra de una aura propia, única y especial.

En escena Chris Lancaster, Yamila Ríos y Maths Tärneberg se convierten en magos del sonido hechiceros con la sinfonía originada al fregar sus baritas de cabello de caballo en chelos del pasado siglo y una contemporánea plancha de metal. Como resultado; una conversación, aparentemente improvisada, entre sus melodías y el derretido movimiento de los bailarines. La música acústica y electrónica, también creada con una antigua máquina de sonido de viento, un piano, un looper, percusión con batería y con un cubito de hielo, no está solamente de fondo, es algo más que un creador de atmósfera.

Colores rústicos, mucha crema, degradación de blancos, telas plisadas, relieves de abanico y un toque rústico el marrón de una escenografía útil, en constante transformación, en movimiento y en relación con los bailarines, que se abre y se pliega como un acordeón, que crea paredes, muros, mesas, y hasta una escalera para saltar al vacío. Marina no cree en el decorado, pretende tratar el objeto como parte activa de la obra.

Como el papel del acordeón, de relieve sutil, es el ritmo de la pieza, sube y baja sube y baja manteniéndose tenue e íntima como su iluminación amarillenta que solo en breves ocasiones visita el blanco y el azuloso, sin llegar a puntos álgidos pero poniendo un gran coloquio sobre la mesa cuyo centro es una cabeza pensante que enjuicia que tiene “poca imaginación”.

Dos desconocidos frente a frente, no siempre son capaces de verse con claridad. Cada cual cubre con sus proyecciones el verdadero rostro que está mirando o la real situación que contempla. Crear proyecciones conceptúa una nube que impide ver la realidad tal como es. Alcanzar la verdad consiste en tener una visión inmediata libre de expectativas, deseos y juicios, en apreciar la naturaleza humana, desarrollar la humildad y la cooperación. “Humildad, nunca olvides la humildad. La vida puede ser difícil para aquellos que no cooperan”.

La realidad es como una película, no está verdaderamente en la pantalla, es una proyección de sombras y luces salidas del proyector. Mongrel es como aquella película que apetece volver a ver, que verías una y otra vez y continuarías descubriendo nuevos detalles en su trama.

No seríamos vulnerables si no hubiéramos encontrado la belleza en la vulnerabilidad. ¿Cómo se siente un cuerpo desnudo al ser avistado por cuerpos vestidos? El juicio es de aquellos que miran víctimas del mismo derretir. Al final siempre se ablandecerán los cuerpos, como se ablandece el sólido hielo al convertirse en líquido acuoso. Porque los humanos no somos inertes, somos seres influenciables a las infinitas variables que se complementan creando realidad. Cooperarán y te vestirán si finalmente tienes frío, andarán a tu lado y venceréis la corriente. Las personas gritarán alto a la nada y entenderán que el volumen de sus cuerpos ocupa el lleno vacío.

Las personas despertarán.

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