Moeder (Peeping Tom)

PEEPING TOM “El arte del cine viviente” presenta Moeder (Madre)

La compañía Peeping Tom, fundada en Bélgica el año 2000 por Gabriela Carrizo (Argentina) y Frank Chartier (Francia), actuó éste pasado fin de semana en el Mercat de les flors de Barcelona presentando Moeder (Madre) la segunda parte de su trilogía. Vader (Padre) fue la primera pieza y finalizará con Kinderen (Hijos) que planean estrenar en el 2019 y crear junto al desafío del acompañamiento, la mirada y los comentarios de su hija de 13 años de edad.

Moeder dirigida por Gabriela Carrizo es una obra sarcástica que con su estética hiperrealista busca perturbar y mostrar la parte oscura de la sociedad. Usa técnicas de edición cinematográficas casi terroríficas que permiten parar el tiempo, hacer zoom, focalizar en una idea o sacarla de contexto para darle una nueva perspectiva. Las inquietantes escenas consiguen una perenne atención creando un espectador ambicioso por captar cada pequeño detalle que al final acaba incluso frustrado por haber recibido demasiada información.

La obra no solo toca el tema de la madre, critica la deshumanización, la era tecnológica, los partos asistidos, habla de la memoria, el nacimiento, la muerte, de los conflictos de pareja, de una protagonista que no llega nunca a abrazar su bebé, de un hijo que le grita a su padre “No quiero cometer los mismos errores que tú”, de éste ciclo de humanos que vienen y se van y que forman parte pasajeramente de una estructura familiar, de un corazón herido, que sangra, que quiere llenar esa sed insaciable como la que sufre una mamá por abrazar un bebé que no está o unos hijos en duelo por la  ausencia de una madre recién fallecida.

¿La familia es un organismo unido o un aparador detrás de un cristal?¿Hacia dónde se dirigen las instrumentalizadas relaciones humanas? ¿Qué significa ser madre, qué supone ser el canal por donde nace la vida? ¿Demasiadas preguntas por resolver o poco se cuestiona la sociedad? Poco gusta pensar, aterrados por el cuestionamiento equivocadamente etiquetamos de obscura la profundidad, hemos perdido los espacios de reflexión en un mundo que nos sobrepasa. Suerte que nos queda el arte, tal como comparte la directora en el Time Out “El arte es una manera de poner en movimiento esas cosas que no siempre acabamos de entender, las asociaciones que hacemos los artistas son libres de ser interpretadas por cada cual. Una obra puede ser reflejo torcido de lo que siente el creador ya que nos remite a cuestiones profundas que nos enfrentan con los conceptos vitales.”

Se oyen del público múltiples carcajadas, pero se observan al acabar mejillas marcadas. Lágrimas, algunas personas no entienden cómo la audiencia podía reír, pero el humor suaviza las cosas y le quita peso a la cruel realidad, como dice Zygmunt Bauman* La ironía consiste en coger distancia delante de las cosas que mirasy por otro lado defiende éste pensador “Hay un aspecto inmortal y elemento definitorio del ser humano; la Esperanza.No existiría la raza humana sino existiera la esperanza, al igual que no existiría la trama si sus rotos intérpretes aún en las peores desdichadas circunstancias, arrastrándose, deshaciéndose, cayéndose y golpeándose repetidas veces, no conservaran resquicios de esperanza.

La obra es sin duda una increíble película en vivo que con un equilibrio perfecto fusiona una versátil escenografía, unas luces muy trabajadas, música en directo, danza de la contención y diálogo de teatro con intérpretes polifacéticos que no solo son bailarines, también actores, músicos y cantantes. Todo transcurrido en un museo de historias con fríos personajes que aún siendo familia no parecen tener relación afectiva alguna, extraños unidos por sangre. Los acontecimientos, sin orden aparente, son como la memoria, que como dice Gabriela, no es lineal, se mezcla con el subconsciente, momentos de la vida que no distinguimos si fueron como recordamos que son.

¿Un final? Gabriela señala que aunque se haya estrenado, nunca da la obra por finalizada, es como un cuadro viviente que siempre puede recibir un color más. Podríamos concluir que más que una sociedad con miedo a pensar, somos una sociedad que tiene poca práctica. Nos da miedo y pereza. Pero el ser humano piensa innatamente, inconscientemente demanda profundidad, sino, no sería todo un éxito una pieza como ésta.

* Zygmunt Bauman en el libro Entendre el món de Carles Capdevila

Clàudia Reig


OPINIÓN DE ESTUDIANTE: PAULA BENAVENTE

Paula Benavente con 23 años de edad y alumna de sexto del Conservatorio Profesional de danza del Instituto del Teatro nos comparte sus impresiones sobre la pieza:

Des del inicio me ha dado muy mal rollo y he sentido un nudo en el estómago. La pieza empieza con una mujer en un ataúd agonizando, una situación directamente inquietante. Suerte de la presencia de ciertos contrapuntos de sarcástico humor, que le permitían a una descansar un poco de la agonía, de imágenes como las de una chica en el suelo, bailando como si se ahogara dentro del agua o la presencia de líquido rojo simulando un desangre…

La verdad, me ha gustado mucho, había visto la primera obra, pero ésta está más trabajada, me ha hecho sentir y entrar más en la historia. Me he sentido muy atraída por cada mínima cosa que sucedía. Aún opino que más que danza se trata de teatro físico, la fiscalidad de los interpretes es de unas condiciones espectaculares y conseguía de pleno meterte en la situación planteada, cada gesto estaba muy logrado. Al finalizar la pieza me he quedado sin palabras, puede que un poco saturada de tanta información y de un deseo interior de querer comprender o sacar una conclusión inconcluible.

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