Bestias (Baró d’Evel)

La vie de l’homme sur la terre, c’est comme un cheval blanc sautant un fossé, 

et qui disparaît soudain. 

Proverbe chinois.

Plaça Margarida Xirgu, Mercat de les Flors, Barcelona. Una fila impaciente espera delante la carpa blanca de la compañía Baro D’Evel en el frío suave de este sábado doce de diciembre. La compañía franco-catalana presenta esta noche su espectáculo Bestias en la gran ciudad catalana, con “affiche complet” para toda la semana.

El show empieza afuera tal y como lo quiere la tradición circense. Delante de la altura y la comedia de Blaï Mateu Trias nos sentimos directamente como niños exaltados cuando penetramos en la carpa. Una carpa mágica… que se alarga y se transforma al paso de los espectadores, adornada de pinturas con un toque tribal que empiezan a contarnos una historia. Percusiones mágicas que tocan solas. Sombras de un caballo montado que pasa del otro lado de la tela, el sonido de sus cascos… el tiempo y la realidad desaparecen y empieza la función. En el silencio y  las luces doradas de la pista, pasa un caballo… una urraca sobrevuela la pista… una niña… tres primeras imágenes que te toman y te envuelven. Un espectáculo que no tiene tanto trama sino emociones, imágenes.

Quedamos admirados por el virtuosismo de los bailarines. Risas delante de la pareja de payasos que son Camille Decourtye y Blai Mateu Trias, y la genial Noémie Bouissou  que nos regala un papel original y loquísimo para morir de risa. Admiración y emoción delante los pasajes con los caballos, y el estupendo adiestramiento de éstos y de los pájaros. Nos quedamos congelados cuando de repente se fijan la urraca y el actor en medio de una conversación entre hombre y animal. Nuestro corazón se para cuando una mujer se sube sobre una rama enorme llevada solamente por un hombre.

Hay todos los elementos del circo y más. Pero no es circo… es un poema. Es vida, arte, artistas estupendos que se encuentran y se alimentan los unos de los otros. Es la magia de las luces de la carpa, sobre la carne de los cuerpos, humanos y animales. Una familia que nos acoge en su mundo, entre las caravanas donde viven o se encuentran, y que nos cuenta suavemente su visión de la vida.

En esta sociedad en la cual nos psicoanalizamos a veces demasiado, este espectáculo se siente como un cuento suave, poético, justo, y puro; nos deja con ganas de volver a conectar con momentos y emociones sencillas y auténticas. De esas emociones y momentos que nos ligan a todos a través el tiempo, la natura y los seres vivos.

Marion Giner.

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