Autointitulado (Cyriaque Villemaux & João dos Santos Martins)

“Una forma caricaturizada que retoma designaciones de juegos que llevan a ninguna parte”.

Se abre el telón.

Una pantalla en forma de ele situada a la izquierda del escenario y un perchero que no se usa en toda la pieza. Linóleo blanco, luz de calle y de salón de casa. Ruido de ciudad, coches, y el más cercano sonido a la naturaleza; el canto de gorriones, gaviotas y palomas… ¿Sonido de agua? Quizás el de alguna fuente. Ésta es la música, ambiente de la calle, ruido de coches, camiones, lugares públicos… el cuchicheo de los pasillos de instituciones de danza y el rumor de un piano que te transporta a una recatada clase de clásico.

Sale un personaje, se presenta al público y sin afán de prisa, se quita los zapatos, los calcetines. Lentamente sus movimientos desencadenan en una actitud de desesperación, rendición o arrastre, se va. Sale otro personaje repitiendo el mismo recorrido, se va… Vuelven… Se trata de dos personajes de tez pálida. ¿Por qué tendrán los personajes ese tono de piel? ¿Será que los bailarines acaban enmalecidos de tanto estar en sus salones de danza? Muecas y pantomimas para ir en contra de la uniformidad, pero ¿qué se puede argumentar después de regalar el descaro? La comunicación es unilateral; de los personajes al público, sin alegar qué tipo de relación tienen entre ellos. A medida que evoluciona la obra la danza se vuelve más física, pero el ritmo de la pieza se estanca en lineal.

Se desconoce si el público capta del todo los mensajes de estos expuestos caracteres que miran con descaro a la audiencia. Entran y salen de escena desde detrás de la pantalla donde la vida cotidiana es proyectada, esta especie de biombo no oculta la sombra de sus cuerpos cuya posición parece adoptada de manera descuidada. Las imágenes random no tienen relación directa con sus movimientos. En definitiva, no resulta muy interesante observar la crítica a lo académico con lo académico. Hay que arriesgar más para lograr la ruptura de las estructuras. Lo que de seguro llega al público es la absurdidad de la danza clásica con excesiva pantomima interpretada.

Joao dos Santos Martins y Cyriaque Villemaux, intérpretes y coreógrafos de lo que nombran la danza post-conceptual, definen la pieza Autointitulado como “una forma caricaturizada que retoma designaciones de juegos que llevan a ninguna parte”. Jaume Luque, joven estudiante de quinto año del conservatorio profesional de danza de Barcelona nos comparte su opinión sobre la pieza:

Es una pieza contemporánea abstracta. En mi opinión, sería más positivo seguir una línea en la que cualquier persona pueda gozar de un espectáculo de danza sin que sea un requisito ser bailarín para entender las piezas. En Autointitulado han dejado muchos temas caer, me gusta que las piezas provoquen reflexión, pero dejar demasiadas puertas abiertas me transmite dejadez sobre el tema tratado. Creo que cerrar los temas expuestos permite al público adentrarse más en la pieza. Deduzco que la clave es encontrar un término medio.

Tengo la sensación de que hay dos tipos de público que consumen arte, el de las personas que disfrutan de pensar, reflexionar y sacar conclusiones y el tipo de público que solo quiere ir a entretenerse y que por lo general les ofrezcan las cosas mascadas. Puedo observar que es arriesgado y nada fácil saber cómo llevar una crítica social a un escenario. Personalmente concluyo que me gustaría trabajar en una línea que intenta llegar a todo tipo de audiencias y que despierta una curiosidad global, trabajar en una danza que se abra a todos los públicos.

Claudia Reig.

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