A SWEET HELLO (Cia. Nadine Gerspacher y Nicolas Ricchini Company)

Cantará para todos la atrevida tímida Inocencia; cantará el Recuerdo la canción de su infancia cuya letra explica “Todos los chicos y las chicas de mi edad se pasean por la calle de dos en dos, saben bien lo que significa la felicidad. Pero yo ando solo por las calles, nadie me murmura te amo al oído”. “Me pregunto cuando llegará el día en el cual yo también tendré a alguien que me ame, el día en el cual mis ojos mirando a los suyos y mi mano en la suya, yo tendré el corazón contento, y no tendré miedo al mañana”.

Una dulce salutación entre dos personas que bailan un tranquilo blues y una pieza de danza contemporánea que precisa de gran condición física. ¿Trata la historia de una relación de pareja o más bien trata de una pareja con infinitas relaciones? Femenino y masculino, dos moldes con dilatado juego que pueden interpretar mudables papeles, valdrían ser dos amigos, un matrimonio, madre e hijo, abuelo/a y nieta/o, padre e hija… Ella vuela alto, asciende como las nubes, él le ofrece toma tierra y ensimismado por su naturaleza etérea la deja trepar. Un mundo arriba y un mundo abajo se descubren en el medio, él la baja, ella lo sube y una quimera que trasciende “lo romántico” como resultado de esa colisión.

A Sweet Hello  es una pieza de danza contemporánea dirigida por el bailarín y coreógrafo Nicolás Ricchini y coreografiada junto con Nadine Gerspacher. Dos personajes, Miss Lin y Mister Joel, interpretados por Nadine y el bailarín multidisciplinar Arias Fernández, son protagonistas y narradores de una parábola que va más allá del concepto del amor, una pareja con infinitas relaciones y un extraordinario universo alrededor. El entorno parece ser fascinante y excitantemente explorable, pero a veces también cansa, pasito a pasito anda la vejez transportando su pesadito cuerpo con sensación de ingravidez.

El arte de amar es el arte de acompañar, ahora te invito a un lugar, ahora me dejo llevar, me voy pero no consigo separarme de ti… Sucede en el ritmo de la pieza que va al compás de los latidos de sus personajes, sístole y diástole, lup-dub, puede mantenerse en pulsaciones relajadas, oscilar o acelerarse, hay momentos de fascinación, mucho movimiento y fuerza física, quietud o tranquilidad.

¿Una historia de amor? ¿Y si se trata simplemente de amar el estar acompañado? A Sweet Hello va mucho más allá, sobrepasa el concepto actual de lo romántico ciñéndose al factor humano y a la ternura del querer. Se comentó en el debate del Maldá enDansa que un dato curioso de la pieza es que usa la técnica release añadida de abundante expresividad facial, reseñaba Nadine que uno de los retos al representar-la es mantener, a cada instante, la conexión entre la expresión facial y el desarrollo de la coreografía.

La obra invita a recuperar ese amor incondicional, inocente, juguetón, sincero y vergonzoso que se muestra tal cual es, que nos lleva más allá de la realidad, nos embellece la vida y nos permite llegar a donde por sí solos no llegaríamos. Así bien nos lo refleja la inocencia de los niños o el despiste de la vejez, ahora te cuido yo, ahora me cuidas tú. ¿Habrá sido todo resultado de la reminiscencia recuperada al bailar ese vals? Sucede en la vejez que sin moverse uno va a todas partes, rescata memorias escondidas e insólitas. Ocurre por ejemplo al escuchar aquella canción que acompañó tu recorrido; un tema de Françoise Hardy y la música original compuesta por Álvaro Arjona y Josep Mª Baldoma.

El espacio Maldà realzó el romanticismo, aunque sus limitadas dimensiones añadieron dificultad a las trayectorias de la pareja, las baldosas blancas y negras, los techos altos, las puertas antiguas y los cuadros de grandes marcos dorados colgados, crearon un ambiente en el que permitía vivir al público completamente dentro de la realidad que los artistas proponían. Sin olvidar mencionar el idóneo vestuario; en especial el de ella, que remoza la incertidumbre al espectador, ¿Es Lin una niña, una mujer o una abuela? Asombrosa similitud entre la primera y la tercera edad, siempre críos y abuelos compartieron payasadas.

Tanto vivido! Tanto buscado! Asiduamente investigando como encontrar la felicidad… pero al final la vida queda resumida en un blues que se baila pegadito, por que la calma se encuentra en ese abrazo, en el suspiro que uno suelta al sentir que simplemente estás ahí. “El día en el cual yo también tendré a alguien que me ame, el día en el cual mis ojos mirando a los suyos y mi mano en la suya, yo tendré el corazón contento, y no tendré miedo al mañana”.
Retumbara en nuestros oídos mientras nos abrazamos, la canción que decía “yo tendré el corazón contento, y no tendré miedo al mañana”.

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