Keith Morino

El bailarín de formación clásica Keith Morino se formó en el National Ballet School of Canada en Toronto. Trabajó con la Joven Compañía del Ballet Nacional de Cuba, el Nederlands Junior Company con Nacho Duato, Jiri Kilian… y con la compañía Metros de Ramón Oller entre otros. Actualmente, Keith es el director de L´Escola d´Ensenyament Secundari i Artístic/Conservatori Profesional de Dansa EESA-CPD de l’Institut del Teatre de Barcelona. 

Dansart BCN: ¿Porqué y cómo empezaste a bailar?

Keith Morino: De niño no soñaba en bailar, fue con diez años que me interesé por casualidad en el baile, fue la profesora de danza de mi prima quien me propuso presentarme para hacer el curso de verano del National Ballet School of Canada en Toronto. Me hicieron una audición que se basaba simplemente en mirar el cuerpo y me aceptaron para el examen school de un mes de duración. Era la primera clase que tomaba en mi vida, recuerdo que me dijeron “mano en la barra” y yo pensé “¿que es la barra?” miraba y copiaba a la gente que tenía alrededor, no tenía ni idea. Estuve todo el mes, me encanto, quise quedarme y me aceptaron. De 200 o 300 personas de la escuela de verano entraron solo 60.

Con quince años me di cuenta de la seriedad de la formación que estaba recibiendo. Empecé a tener claro que quería bailar y fue entonces cuando me planteé  profundizar en la danza clásica. Como bailarín de danza clásica no me acababa de sentir en el escenario y en aquel momento, la formación tampoco te daba muchas pistas. En la actualidad la formación es muy diferente, en aquellos tiempos básicamente era “ballet ballet ballet”. Unos años después, al conseguir un contrato con el Nederland Junior Company, empecé a descubrir nuevos horizontes tales como el neoclásico, descubrí otras maneras de bailar y empecé a darme cuenta de lo que se puede llegar a comunicar con el lenguaje corporal. En mi carrera profesional he hecho un proceso de reeducación del cuerpo, hay que descodificar algunas formas y hábitos, pero descodificar no implica perder sino ganar, abrí nuevas perspectivas preservando el clásico ya que me identifica mucho y pienso que también es es enriquecedor desarrollarse en él.

¿Porqué has elegido la enseñanza?

Empecé a interesarme por la docencia cuando trabajé con Ramón Oller. Él estaba haciendo una residencia en Francia y en ese momento me junté con su compañía. Con Ramón, di un paso más al descubrir la danza contemporánea en su plenitud, rompiendo códigos y abriéndome a nuevos conceptos. Me fascinaba mirarlo y quería aprender de él, por su apariencia uno podría pensar “no puede ser bailarín no tiene el aspecto típico” pero sin embargo, es un grandioso bailarín. Trabajé en su compañía durante 6 años aquí en Barcelona. Empecé a dar clases a la compañía, a llevar ensayos y a ir con él como asistente. Así es como me acerqué a la docencia.

Me gustaba enseñar. Disfrutaba transmitiendo, ayudando, corrigiendo, poner en escena y mirar de fuera. Estuve como freelance durante 2 años de bailarín, coreógrafo y profesor. Luego llegué al Instituto del Teatre porque Catherine Allard del L´IT Danza estaba embarazada y me llamaron para substituir al asistente que la iba a substituir. Trabajé como asistente durante un año y entré a dar clases en el conservatorio, posteriormente entré en la escuela como equipo directivo y aquí estoy.

¿Qué buscas transmitir en tus clases?

Es una muy buena pregunta, ya que hoy en día y en especial en el ámbito de la danza, los esquemas están en continuo cambio. Personalmente creo mucho en la enseñanza y de mis clases busco que los alumnos aprendan a estar seguros, que se sientan cómodos, que desarrollen una actitud en la que los errores no son un desastre sino algo que les hace aprender. Cada persona tiene un cuerpo, una manera de ser, un propio movimiento, cualidades y defectos a aceptar y a mejorar. Es primordial crear un ambiente de aprendizaje, una actitud disponible que pueda ser usada como una herramienta en cualquier otra clase. Para mí, el material que imparto es secundario. Lo que quiero que tengan en cuenta antes incluso de hacer bien el ejercicio es el proceso de análisis, de ver, de entender, de aplicar, de superar los retos que tienen para llevar a cabo lo que estoy pidiendo. No todo el mundo entiende las cosas de las mismas maneras, pero si los alumnos desarrollan esta herramienta, teniendo primero el conocimiento de su propio cuerpo y luego desenvolviendo sus capacidades para ir más allá de sus limites… con esta actitud podrán lograr todo lo que se propongan. Sabiendo como es mi cuerpo con sus pros y sus contras es posible lanzarse sin desanimarse. Este es el objetivo principal que actualmente trabajo con el grupo que tengo.

¿Qué es lo que te gusta de la enseñanza y qué es lo que te parece más difícil?

El ambiente de clase es primordial, algo que me apasiona es ver como un alumno supera un reto a través de su propia investigación. Actualmente tengo un grupo de 15-16 años el cual está en una edad muy frágil. Una simple manera de mírales o de decirles algo les puede tumbar al suelo o subir a las nubes. Es una gran responsabilidad, lo que les digas será la semilla que dicte como van a resolver las cosas en el futuro. Aquello que me parece dificultoso es la continuidad, les veo cada día y el reto es hacer cada clase interesante, encontrar un equilibrio entre el mantenerles motivados sin tampoco servir su aburrimiento ya que yo no estoy para hacerles pasar un buen rato. Estoy para enseñarles, no puedo cambiar la clase porque estén aburridos, debo cambiarla cuando se han asimilado los conceptos impartidos. Ser constante en el trabajo es otra de las motivaciones a transmitir. Considero que a las generaciones de hoy día les falta entender que algunos logros requieren tiempo, lo quieren todo ya y deben valorar conseguir objetivos a largo plazo, ser pacientes, perseverantes y comprenderlo tal y como nuestras generaciones tenían asumido. Los resultados a veces no se ven a la semana, ni el mes que viene o incluso ni hasta el final del curso. El año pasado en un grupo de pequeños me sucedió algo curioso, dije “vamos a hacer el mismo ejercicio” y una niña me contestó “ya lo hicimos ayer”. Esta mentalidad, no la tuvimos las personas de mi generación, tiempo atrás era muy claro que había que ir a clase cada día y hacer los ejercicios que tocaran.

¿Qué crees que ha cambiado entre los alumnos de tu generación y los alumnos de ahora?

Creo que lo que ha cambiado es la mirada de los adultos respecto a los niños. En mi opinión ahora los sobre-protegemos demasiado. Esta muy bien y no es una crítica el tener cuidado de ellos, pero podemos observar que el resultado es que los niños dan por supuesto que los adultos les solucionaran la vida. Tienen una manera de entender que no siempre es el mensaje que realmente queremos transmitirles. Ellos preguntan ¿porque esto no está hecho? Y nosotros vamos y lo hacemos o vamos y se lo damos. Apenas confrontan el “no, hazlo tu” y tener que hacerlo o conseguirlo por ellos mismos. Creo que las nuevas generaciones cargan con el querer siempre algo nuevo y eso afecta inconscientemente el proceso y los hábitos de trabajo y compromiso. En danza, la clase que no has hecho hoy no la vas a hacer nunca más en la vida, es una clase perdida para siempre. Una hora y media, no se recupera. No es como faltar a una clase y recuperar los apuntes del día anterior. No se estará al día nunca de una clase a la que no has asistido. Y éste es otro concepto importante que debe ser entendido. Opino que es debido, en parte, a un factor cultural y social, los niños están sobre-atendidos en algunas cosas y poco en otras. Tenemos que adaptar nuestra manera de funcionar porque volver a lo que se hacia antes no sirve, machacarse era de la antigua escuela y no sirvió, pero sigue habiendo algo del sistema actual que aún podemos mejorar. Hay que entrar en el juego y crear un ambiente cómodo donde los jóvenes, en su contexto social y cultural, puedan despertar estas capacidades de aprendizaje, buscar una manera funcional para cada persona.

¿Qué relaciones tienes con los padres de los alumnos?

Intentamos que la relación sea lo más transparente posible ya que la mayoría de las familias no se hacen la idea y tienen una ignorancia total de lo que hacemos y de lo que es la danza como profesión. Uno de los problemas de este país es la falta histórica cultural y artística en el ámbito de la danza. Difiere de otros países europeos donde hay mucho más posicionamiento, respeto, reconocimiento político, económico, cultural y por supuesto e indispensable, más público. En otros lugares está mejor vista o como mínimo comprendida, aquí apenas existimos. Eso hace que una de nuestras tareas con las familias sea el proporcionarles mucha información. Organizamos puertas abiertas y actividades para las familias en las que mientras los niños hacen sus clases, les explicamos a los padres en qué se basa su día a día y en resumen en qué consiste la formación profesional de danza. Poco a poco los estudios en danza empiezan a tener reconocimiento académico y eso facilita el entendimiento, cuando dices titulación, los padres lo identifican y entienden que no es una perdida de tiempo. Recibimos bastante interés por parte de las familias, aunque hay casos que son más difíciles que otros, existen familias de ex bailarines o profesores de danza que tienen sus hijos en la escuela pero que no es realmente la voluntad de los niños, u otras situaciones son las de niños que quieren estudiar danza pero los padres no lo ven bien o no les apoyan lo suficiente. Hay de todo, nosotros intentamos acompañar los procesos y generalmente todo va bien.

¿Qué consejos darías a los alumnos que quieren hacer de la danza su trabajo tanto como bailarín como profesor?

Primeramente debes quererlo y amarlo. No es fácil. Habrán momentos de todo. Yo me considero muy afortunado porque desde los 18 años vivo de la danza. Pero no mucha gente puede decir lo mismo. Hay que tener mucha voluntad, interés y mucha fe, saber adaptarse y estar muy abierto a los cambios. También hay que ser realista, saber por donde ir y escoger el camino que potencie tus virtudes. Por ejemplo, a mi me encanta la coreografía, doy talleres sobre ello, pero se que mi ámbito no es la coreografía. Es conveniente asumir que no se puede hacer ni tener todo. Tener un ojo objetivo no siempre es fácil, es de agradecer tener personas alrededor que te facilitan objetividad y orientación para saber como proseguir. Aprecio que los bailarines y los artistas en general seamos así, tenemos este sentimiento de grupo, de familia y nos ayudamos unos a otros. Al final, es un mundo muy agradable si sabes encontrar tu camino y tener tus objetivos claros. Siendo abierto y realista encontraras tu vía, siempre hay una solución.

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